Empecemos por el aparato que lo cambia todo: el SPL, siglas de «sistema de protección de la línea general de alimentación». Su trabajo es sencillo de contar: vigila la línea gorda que alimenta el edificio entero y, si nota que se está acercando a su límite, afloja momentáneamente la carga de los coches hasta que vuelve a haber holgura. Nunca toca la luz de las viviendas: en los pisos no se entera nadie, la tele no parpadea y el horno sigue a lo suyo. Solo los coches ceden, y ceden un rato.
Sobre el papel el SPL es opcional —la norma lo deja a criterio del titular del suministro o de la junta en edificios ya construidos—. En la práctica lo es del mismo modo que es opcional que los cargadores quepan. La razón está en un número: con SPL, la previsión de potencia del edificio computa cada cargador al 0,3; sin SPL, al 1,0. Es decir, sin ese sistema el cálculo asume que todos los coches del garaje cargan a tope a la vez, para siempre, y el edificio agota su margen a los pocos puntos. Ojo, además, con confundirlo con el reparto entre cargadores: son dos cosas distintas y a distinta altura. El SPL protege la línea general aguas arriba, del lado de la compañía; el balanceo se ocupa de repartir el circuito de la recarga entre los propios coches, aguas abajo.
Segundo número que conviene tener a mano: la norma fija una previsión mínima obligatoria para los garajes de comunidades de propietarios, y la fórmula es 0,1 × número de plazas × 3,68 kW. Fíjate en lo que está admitiendo ese 0,1: que solo una de cada diez plazas va a estar cargando en un momento dado. Un garaje de 50 plazas se reserva 18,4 kW. La norma también obliga a que la memoria o el proyecto incluya el cálculo del número máximo de estaciones que la instalación admite, y reconoce expresamente que un sistema de control permite meter puntos adicionales. Lo que no existe, y esto es importante, es una cifra oficial de «cuántos wallbox aguanta una acometida normal». Quien te la suelte de memoria se la está inventando; nosotros tampoco te la vamos a dar sin ver tu edificio.
Y ahora el límite honesto, el que casi nadie cuenta. Un cargador no puede bajar de 6 amperios, alrededor de 1,4 kW: por debajo de ahí no carga, se apaga. Ese es el suelo real. Pero llegar a ese suelo significa que el garaje está a rebosar, y aun entonces el reparto de potencia no falla por seguridad, falla por comodidad: nadie se queda sin cargar, simplemente todos cargan más despacio. Y aquí entra el detalle que desactiva el miedo: el coche está enchufado ocho o diez horas seguidas mientras duermes. A nadie le importa si tardó cuatro horas o siete si por la mañana está lleno.
Un apunte que juega a tu favor en la contratación: la tarifa 2.0TD —la de cualquier suministro de hasta 15 kW, según la Circular 3/2020 de la CNMC— tiene tres periodos de energía y te deja contratar dos potencias distintas, una para punta y llano y otra para valle, y la de valle puede ser más alta. Como el coche carga de noche, subes solo la potencia del valle y dejas la de punta como estaba: te ahorras ampliar la general. Añade que e-distribución aplica un procedimiento abreviado en baja tensión cuando la potencia final no pasa de 15 kW, que reduce los plazos de respuesta a la mitad y cubre prácticamente cualquier vivienda con wallbox. Dos matices para que no te lleves sorpresas: solo puedes cambiar la potencia contratada una vez cada doce meses (la regla sigue viva, aunque su antigua base legal ya no está en vigor), y las modificaciones temporales de potencia todavía no están operativas, así que no cuentes con ellas.